Abrí los ojos, desperezándome en la cama, estirando todos y cada uno de mis músculos. Al levantarme me esperaba ese café humeante, con su olor tan característico, un poco a tueste y moca.
Mientras removía distraída el azúcar en la taza me acordé de ellos, de sus ojitos chispeantes y vidriosos, tan sinceros, y no pude evitar una sonrisa. Ayer estuve de voluntaria en el refugio de APANOT y lo pasé genial con los peludos. Tanto ellos como las personas que allí están son increíbles. Y sin duda, te dejan con ganas de repetir.
Me tomé mi primer café del día, para afrontar el lunes con mejor cara porque el cansancio se asomaba en ella. Pero no importaba: con mi café y una sonrisa, todo es posible.
Buenos días.
